El gesto parece inofensivo: la toallita húmeda que, tras tirar de la cadena, desaparece en el remolino del inodoro. Pero ahí comienza un viaje con consecuencias catastróficas: atascos en las tuberías, en la bajante del edificio, alcantarillas bloqueadas, colectores colapsados y toneladas de residuos contaminantes que pueden terminar vertidos al cauce de los ríos.
